Esta modalidad de tentadero se reserva para casos muy concretos, exceptuando los machos que se matan para entrenamiento en el campo

En primer lugar hay que explicar que el tentadero es aquella tarea de campo en la que se mida la bravura, la clase y el fondo de los animales (tanto machos como hembras) para la selección de madres y sementales de la casa.

La selección de las vacas se realiza midiéndolas con el capote, en el caballo y la muleta. Sin embargo, la selección de machos tiene algunas diferencias. En primer lugar, solo se tientan un número muy reducido de machos ya que la mayoría se llevan a los festejos. Generalmente, solo se realiza con sementales potenciales, es decir, con aquellos ejemplares que, por su fenotipo, genealogía o comportamiento en el campo, despiertan el interés del ganadero para transmitir sus virtudes a la descendencia.

Este tipo de tentadero tiene algunos cambios con respecto al de hembras. Al novillo o toro no se le para de salida con el capote sino que el caballo está en la plaza y el animal entra una primera vez para ser picado. Acto seguido, los toreros presentes saldrán y citarán al animal con ramas de olivo y lo colocarán en el punto que el ganadero ordene. Esta operación se repetirá las veces que el ganadero considere necesarias.

Una vez pasada la prueba del caballo, el animal se toreará con la muleta para realizarle una faena al uso. Si el macho es aprobado, volverá al campo para cubrir las vacas. Si no vale, se matará en la plaza.

La elección de un semental es una decisión trascendental para la ganadería. El toro bravo es el eje de una cadena genética cuidadosamente seleccionada durante siglos. Un solo semental puede dejar una huella profunda en la evolución de la ganadería, ya que se suele utilizar durante varias temporadas y puede cubrir a decenas de vacas al año. Por ello, el tentadero de machos no solo es una prueba, sino un auténtico examen que marca el rumbo futuro de la ganadería.