1. El Umbral de un Escenario Místico
En los pagos de Colmenar Viejo, donde el viento susurra secretos de casta entre el ramaje de las encinas y el aroma a jara impregna el silencio de la meseta, se erige la finca «El Pecado Mortal». Más que una reserva de biodiversidad en la Comunidad de Madrid, este enclave es un santuario litúrgico donde la crianza del toro de lidia se vive como una religión. Aquí, el tiempo no corre, sino que reposa sobre el albero de la tradición. Manuel Sanz de la Morena, custodio contemporáneo de un fuego sagrado, no gestiona una explotación; oficia como el guardián de una estirpe que ha sobrevivido a las modas y los siglos. Su figura encarna la serenidad del campo y la responsabilidad de proteger un patrimonio que trasciende lo material. Es la paz que precede al estallido, el preludio de una historia que comenzó a escribirse con sangre y arena en las postrimerías del siglo XIX.
2. El Polvorín de los Orígenes (1860 – Siglo XX temprano)
La semilla de esta casa fue plantada en 1860 por la mano de Dolmeriano Hernando. A su muerte, la herencia recayó en su hija, quien junto a su esposo, Manolo Sanz, convirtió la vacada en un fascinante pero peligroso «polvorín» genético. Movidos por una ambición de postín, el matrimonio emprendió viajes legendarios en busca de la esencia de la bravura, creando una amalgama de sangres que era un auténtico laberinto para cualquier veedor:
- Rumbo a Sevilla: Importaron la aristocrática nobleza de las vacas del Duque de Veragua y el poderío telúrico de los sementales de Miura.
- Hacia el Campo Charro: Cruzaron Despeñaperros para traer de Salamanca la distinción y el tipo de los Pérez-Tabernero.
Mantener aquel equilibrio —el choque entre la fuerza bruta de Zahariche, la majestuosidad de la sangre veragüeña y la elegancia salmantina— era un desafío técnico de alto riesgo. Aquel polvorín, aunque dotado de una riqueza histórica incalculable, amenazaba con diluir la identidad del hierro, anticipando la necesidad de un cambio de timón radical para que el nombre de la familia no se perdiera en el olvido de los cruces fallidos.
3. El Giro de Timón: La Búsqueda de la Pureza Martínez
La verdadera identidad de la casa se forjó bajo el criterio de la siguiente generación: Eulogio, Julián y Mariana. Con la lucidez de quien conoce el lenguaje de las reatas, decidieron purificar el legado. Eliminaron aquel polvorín de sangres mixtas y apostaron todo a una carta ganadora: la ganadería predirecta de José Vito del Gallo, el encaste puro de Martínez de Colmenar.
Fue un proceso de selección implacable, donde el descarte primó sobre la complacencia. Este giro estratégico no solo definió la morfología y el comportamiento de la vacada, sino que marcó el destino geográfico de la estirpe: Julián Sanz, al contraer nupcias en la vecina localidad de Miraflores, trasladó allí su rama, mientras que Eulogio y Mariana permanecieron en el solar de Colmenar. Con la adquisición de una parte sustancial de la vacada de Martínez, los hermanos Sanz encontraron la fijeza y la entrega que soñaban, cimentando una estructura familiar que pronto se ramificaría con fuerza.
4. Una Estirpe de Ganaderos: La Partición de 1965
Eulogio, el abuelo de Manuel, fue el patriarca de una prole numerosa de ocho hijos, de los cuales cuatro sintieron la llamada irrenunciable del campo bravo: Julián, Rafael, Victoria (Benita) y Fermín. Juntos mantuvieron la llama encendida bajo una gestión compartida hasta la partición definitiva de 1965, un hito que reconfiguró el mapa ganadero de la zona.
La línea que nos ocupa fluyó hacia los padres de Manuel y, posteriormente, hacia sus hermanos Vicente y Eulogio. Manuel Sanz de la Morena se integró en la comunidad de bienes en 1977, aportando una visión renovada que ha sido clave para la supervivencia del hierro. Tras la sensible pérdida de Vicente, Manuel y su hermano Eulogio han mantenido el rumbo con firmeza, siendo Manuel el representante oficial y portavoz de una casa que hoy disfruta de una nueva «edad de plata», cosechando triunfos que resuenan con el eco de los mejores tiempos de Colmenar.
5. «Repudiado»: El Nombre más importante de los últimos años
En la terminología de la casa, hay un nombre que suena a gloria: «Repudiado». Esta reata se ha convertido en el máximo indicador de salud y consistencia del linaje. La historia reciente es elocuente: un ejemplar de esta familia encumbró a Sergio Rodríguez en San Martín de Valdeiglesias, permitiéndole cortar dos orejas tras una lidia de gran entrega, siendo el novillo premiado con la vuelta al ruedo. El éxito se repitió el pasado 3 de mayo en la Copa Chenel, donde un toro de esta misma reata, lidiado junto a los pupilos de Baltasar Ibán, también se ganó el honor de la vuelta al ruedo póstuma.
De cara a la inminente final en Valdetorres, Manuel ha seleccionado nuevos ejemplares basándose en su sabiduría y paciencia. Su criterio es claro: busca animales con «cara de novillo», esa morfología armónica y proporcionada ideal para estos certámenes. No es una elección al azar, sino una gestión estratégica del trapío; Manuel reserva los ejemplares con mayor cuajo y presencia para la Copa Chenel del próximo año. Sabe que la bravura no se puede apresurar y que cada animal tiene su momento de gloria si se respeta su tiempo de madurez.
6. Epílogo: El Legado que no se extingue
La filosofía de Manuel Sanz de la Morena es un ejercicio de humildad frente a la creación. Su discurso, siempre impregnado de una profunda gratitud hacia Dios y hacia las instituciones que defienden la fiesta, refleja el alma de quien sabe que es solo un eslabón en una cadena de 160 años. Mantener esta ganadería en el siglo XXI es un acto de resistencia, una apuesta por la pureza en un mundo de sombras.
Mientras los novillos de Los Eulogios sigan luciendo su estampa en los cercados de Colmenar, el legado de Dolmeriano Hernando y la visión de los Sanz seguirán vivos. Porque al final, bajo la sombra de «El Pecado Mortal», la virtud del toro bravo sigue siendo el único camino hacia la inmortalidad. El nombre de esta casa continuará escrito con letras de oro sobre la arena de las plazas, recordándonos que la verdadera bravura nunca muere.




